Introducción

Vamos a tratar en esta clase sobre un enemigo del alma que causa mucho daño: La autoconmiseración. Este pecado nos lleva a manifestar en nuestra vida actitudes como: Un lamento constante, falta de fe, egocentrismo y una deficiente entrega a la voluntad de Dios; y si persiste, es posible que esto llegue a traer depresión y resentimientos.

¿Qué es la autoconmiseración?

1) Es un instrumento del diablo. Satanás utiliza y ha utilizado la autoconmiseración para que nos apartemos de Dios y de su voluntad. Así lo intentó con el mismo Señor Jesús en Mateo 16:22-23:

“Entonces, Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero volviéndose, dijo a Pedro:

¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres de tropiezo porque no pones la mirada en las cosas de Dios, sino en la de los hombres”.

Cuando nos esforzamos por servir a Dios, cuando pasamos momentos de pruebas y dolor, también escuchamos la voz del enemigo que nos dice: -Ten compasión de ti-, para que de esta manera consideremos nuestra situación, nos lamentemos y quitemos los ojos de Cristo. Si así lo consigue, nos habrá paralizado en la fe, pero nosotros al igual que el Señor, digamos:

“Quítate de delante de mí, Satanás” y caminemos confiados por el camino que Dios nos ha trazado.

2) Pretende que tengamos lástima de nosotros mismos. En Lamentaciones 3:39 dice: “¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre de su pecado”.

Al tiempo de escribir Jeremías estas palabras, él estaba contemplando Jerusalén destruida. Estaba recordando a sus hermanos muertos en manos de los enemigos y como el resto fue llevado cautivo. Sin embargo el Señor no permite que nos entreguemos a un lamento eterno por las circunstancias de nuestra vida, y que nos pasemos siempre recordando nuestros fracasos y dolores. Lo que realmente es digno de ser lamentado es nuestro pecado, pero una vez arrepentidos hallamos perdón y paz en el Señor. Tal como lo expresa 2 Corintios 7:10:“Porque la tristeza que es según Dios, produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse, pero la tristeza del mundo produce muerte”.

3) Pretende que vivamos sin fe en Dios. Al considerar nuestra situación y poner los ojos en nosotros mismos, y no en el Señor, nos encontramos con todas nuestras imposibilidades y frustraciones. Allí comienza la autoconmiseración a actuar. Un ejemplo de lo que estamos diciendo lo encontramos en la Biblia, con los 10 espías que regresaron trayendo sus informes después de recorrer la tierra que Dios les había prometido y los motivaba a conquistar. Ellos dijeron: “También vimos allí gigantes, hijos de Anac y éramos nosotros a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos” (Números 13:33). Cuando enfrentamos los “gigantes” (los problemas), de la vida desde nuestra perspectiva humana, y no desde la de Dios, terminaremos considerándonos como “langostas impotentes”. El que sabe que la batalla es de Dios, no se considera “un pobrecito” sino que sabe en Quién ha creído y descansa por completo en Él. Así como dice Jeremías 20:11 “Más Jehová está conmigo como poderoso gigante”.

4) Fomenta en nosotros el egocentrismo. Es decir, hace que todo en nuestra vida gire en torno a nosotros mismos y no alrededor de Cristo. En el fondo nos consideramos demasiado importantes, y nos dedicamos toda la atención, en vez de dársela al Señor. Así nos encontramos como María Magdalena que por llorar y lamentarse no reconoció a su Señor resucitado que estaba frente a ella (Juan 20:13-16). La Biblia nos dice: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado” Isaías 26:3. Esto nos motiva a que en todo tiempo nuestro pensamiento sea para el Señor.LA AUTOCONMISERACIÓN

Algunos utilizan la autoconmiseración y la lástima para atraer la atención de los demás y tenerlos a su disposición, ya que espera que todos estén alrededor suyo. Nuevamente no se busca a Dios, sino que se está depositando toda la confianza en la ayuda o el afecto que pudieran brindarle los demás. La Biblia nos enseña que: “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone su carne por brazo, y su corazón se aparta de Jehová” Jeremías 17:5. Por tanto, confiemos solo en Cristo, para que Él sea verdaderamente el centro de nuestra historia.

5) Impide comprender lo agradable y perfecta que es la voluntad de Dios. El que se lamenta por las circunstancias de su vida, habitualmente desconoce que el Señor tiene todas las cosas en su mano, que ni aún un cabello de la cabeza cae sin que Dios lo permita.

Por otra parte, también es muy importante tener presente el siguiente versículo: “el Señor al que ama disciplina, y castiga a todo aquel que recibe por hijo” Hebreos 12:6

Sabemos que las pruebas y las aflicciones de este mundo nos ayudan a crecer y fortalecernos en la fe (Santiago 1:2-4 y 1 Pedro 1:6-7) El que en el momento de prueba esté alabando a Dios, sin dudas alcanzará la victoria planeada para su vida. El ejemplo de Pablo y Silas en la cárcel es más que alentador (Hechos 16:25). El lamentarse y compadecerse impide el crecimiento en la fe y no permite cumplir sanamente la voluntad de Dios.

“Que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” Santiago 1:4

Esto es en referencia al fruto de haber soportado la prueba.

Por lo tanto, alabemos a Dios en momentos de alegría, como también en tiempos de lucha y aceptemos caminar con gozo en medio de los “desiertos” de esta vida hasta que veamos la gloria de Dios manifestarse en cada circunstancia.

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” Romanos 8:28

Conclusión

Rechacemos los dardos del enemigo que nos tientan a desalentarnos y a compadecernos de nosotros mismos. Miremos a Cristo pues ¡Él reina con PODER!

Puede que muchas aflicciones intenten desmoralizarnos, “Más Jehová está en su Santo Templo, calle delante de Él toda la tierra” Habacuc 2:20